¿Motor diesel o gasolina? El peor de los miedos de un coche diesel: Retroalimentación

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La retroalimentación es una de las pesadillas para los propietarios de un coche con motores de ciclo Diesel. ¿Y qué es? Lo cierto es que es exactamente a lo que suena: se produce cuando el corazón mecánico de un vehículo de gasóleo no se detiene y gira sin parar, causando muchos problemas y quebraderos de cabeza para sus dueños que incluso pueden llegar a derivar en un gripado de motor y acabar en nuestra oferta de Siniestrauto/Netsubasta.

En términos breves, cuando un motor diésel padece de retroalimentación significa que este acelerará incontrolablemente hacia la zona roja del cuentarrevoluciones hasta que el bloque diga basta. El ruido y la gran cantidad de humo (hollín) que sale por el tubo de escape son las consecuencias más patentes de que tu tren motriz está próximo a una jubilación forzosa. Cabe destacar que esta problemática tan solo afecta a los propulsores diésel turboalimentados, ya que suele ser una falla en el turbo el causante.

¿Cómo funciona un motor diesel?

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En primer lugar, comencemos repasando los conceptos básicos de un motor diésel, porque no funciona de la misma manera que un propulsor de gasolina. Este último emplea encendido por compresión y bujías incandescentes constantemente calentadas. En un diésel, la mezcla de aire y combustible ocurre en la cámara de combustión y no en los puertos de admisión. El gasóleo se inyecta en el cilindro justo cuando el pistón se acerca al punto muerto superior (PMS).

Un motor de gasolina estándar, generalmente, usa una relación de compresión de entre 8 y 12: 1. La mayoría de los motores diésel tienen una relación de compresión que oscila de 17 a 23: 1. Desde el principio, han recibido inyección directa y no usan mariposas para administrar el flujo de aire. En su lugar, aceleran el combustible que ingresa a los cilindros, dejando la admisión con poca o ninguna obstrucción. Básicamente, siempre que haya aire y algo para encender dentro de los cilindros, el motor diesel seguirá funcionando.

Ahora que hemos repasado los conceptos básicos, podemos ver lo que es la retroalimentación de un motor diésel, los motivos que pueden detonar esta casuística, cómo evitarla y cuáles son las consecuencias a las que nos enfrentamos en caso de sufrirla.

¿Qué es la retroalimentación en un motor diésel y qué lo causa?

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La retroalimentación de un motor diésel solía ser una ocurrencia relativamente común. Pero ahora que los tiempos han cambiado, es una avería más aislada. La mayoría de los módulos de control electrónico (ECM) pueden medir el flujo de combustible con mayor precisión y pueden evitar que sucedan cosas como esta. Pero hay una excepción para todo y las piezas siempre tienden a fallar en algún momento. Entonces, ¿qué condiciona que un motor diésel entre en modo “fuera de control”?

Bueno, sus muchos factores. Bombas que se atascan y dosifican demasiado combustible, falla en el sello de aceite en el turbocompresor, llenado excesivo de aceite en el cárter, líneas de combustible internas rotas o dañadas, conexiones defectuosas o ensambladas de mala forma, e incluso la presencia de combustibles duales que usan gas comprimido (como propano), o un ambiente saturado de vapores en el aire. Pero la mayoría de las veces, la edad y el desgaste son las causas más comunes.

La retroalimentación se nota más en los vehículos de flota, que se utilizan constantemente, y suelen contar con un mantenimiento deficiente. La negligencia también ayuda enormemente a que todo acabe en desastre. Si sumamos el factor desgaste, podemos decir que, a medida que los anillos de pistón terminan con su vida útil, entra una pequeña cantidad de aceite en la cámara de combustión, como ocurre con la mayoría de los motores de combustión interna. Sí, el aceite lubricante es el mayor enemigo.

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Como sabrás, el turbocompresor es un componente mecánico con forma de caracola donde, en su interior, hay una turbina que reutiliza los gases de escape para introducir una mayor cantidad de aire en los cilindros. Para funcionar correctamente durante largos periodos de tiempo, se utiliza aceite para lubricarlo y mantener su temperatura normal. Entonces, si los sellos no actúan como debiesen, el aceite se unirá al aire y se enviará al motor, lo que lo hará que funcione a pleno pulmón, y eso rara vez acaba bien.

En otras palabras, si el desgaste es ya excesivo y el motor se calienta lo suficiente, comienza a vaporizar el aceite en el cárter y las fugas pasan por los anillos del pistón. Una vez en el cilindro y la cámara de combustión, el aceite actúa como combustible y se enciende bajo la compresión extrema. Una vez que esto sucede, el motor funcionará hasta que el aceite se haya agotado y/o gripe, lo que ocurra primero. Entonces llegamos a la pregunta de cómo se detiene un diesel que ha empezado a funcionar de forma incontrolada.

¿Cómo puedo evitar una retroalimentación?

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Sé lo que estás pensando: “simplemente, apagando el motor”. Eso no funcionará, ya que, como hemos mencionado más arriba, un diésel tiene un flujo de aire sin restricciones y utiliza el encendido por compresión. Esto nos deja muy pocas opciones. La única opción factible para detenerlo es calarlo, y esto se puede hacer de una de muchas maneras. Puedes utilizar un extintor, y aunque es la opción más fácil y segura, requiere que llegue a la admisión, lo que en condiciones de usuario podría ser un tanto complicado.

También puedes cubrir físicamente la admisión o el propio turbocompresor si el vehículo tiene uno de fácil acceso. En un instante, la turbina quedara “atascada” y dejará de girar. Cuidado con que empleas para taparlo, dado que un turbocompresor funciona a decenas de miles de revoluciones por minuto y, cualquier cosa que se acerque a la turbina, será destruida en sus extremos como una licuadora.

Una tercera opción, solo aplicable a los vehículos con una transmisión manual, consiste en que, a medida que reduces la velocidad, cambies a la marcha más alta y presiones el pedal del freno con fuerza y, si es posible, también pon el freno de mano. También es una opción –y más recomendable– que, estando detenido, introduzcas una relación de cambio elevada y sueltes el embrague de golpe. El motor debería calarse en ambos casos. Este método puede funcionar, dependiendo de las condiciones en las que se encuentre el coche.

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Después de que el motor se detenga, bajo ninguna circunstancia debe volver a arrancarlo, ni aunque el susto haya sido leve. Pero si eres una de esas personas cabezonas a las que les gusta comprobar las cosas por si mismos aunque les estén dando la respuesta con antelación, has de saber que la retroalimentación comenzará de nuevo hasta romper el motor; allá tú. Lo que es recomendable es llamar a una grúa y, si es necesario, empujar el vehículo fuera del tráfico. Tampoco permanezcas dentro, ya que el calor puede provocar un incendio.

¿Cuáles son los riesgos de sufrir una retroalimentación?

En caso de que padezcas la mala suerte de sufrir una retroalimentación en tu motor diésel, el coche comenzará a acelerar de manera incontrolable, lo que puede provocar un choque según la habilidad para conducir y la capacidad para mantener la calma que uno tenga. Si se da la situación de que te ocurre en parado, lo más probable es que el motor gripe si no se detiene a tiempo. Dependiendo de las condiciones, el bloque incluso podría romperse literalmente, esparciendo distintos pedazos por los alrededores.


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