El mejor coche de los últimos 50 años

Los lectores de la revista autopista han elegido recientemente al que es, para ellos, el mejor coche de los últimos 50 años. Y el ganador ha sido uno de los coches más populares de nuestras carreteras hasta hace bien poco: el Citroën CX.

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Producido por Citroën entre los años 1974 y 1991 consiguió que más de un millón de unidades fueron vendidas durante sus 18 años de producción.

Diseñado por Robert Opron,  fue pensado como vehículo de lujo de la marca  para suceder al DS, el mítico Tiburón:

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Mantenía el mismo espacio interior, pero ofrecía más confort y mejor aislamiento acústico. Pero lo que realmente destacaba era en su confort de marcha. Era uno de los coches más confortables del mundo gracias a su suspensión hidroneumática única en el mundo.

El sistema usaba una bomba movida por correa o levas desde el motor para presurizar un fluido hidráulico especial, que impulsaba  los frenos, la suspensión y la dirección. En el corazón del sistema, funcionando como un cárter de presión, además de como elementos de suspensión, estaban las llamadas esferas, de cinco a ocho en total, una por cada rueda más un acumulador principal y otras dedicadas a controlar, por ejemplo, la “flexibilidad” o dureza de la suspensión.

Cada una consistía en una bola metálica hueca, abierta por el fondo, con una membrana flexible de goma sujeta en el centro de la esfera, dividiéndola en dos mitades. La mitad superior se llena con nitrógeno a alta presión y la inferior está conectada al circuito de presión del coche. La bomba de alta presión, impulsada por el motor, presuriza el circuito y una esfera de seguridad. Alimenta los frenos delanteros primero, a los que se da prioridad mediante una válvula de seguridad.

La presión iba desde este circuito a las esferas de las ruedas, presurizando la parte inferior de las mismas y las barras conectadas a la suspensión de la rueda. La suspensión funcionaba cuando la barra presiona el fluido LHM al interior de la esfera. El LHM se comprimía a través de esta válvula, lo que provocaba resistencia y controlaba los movimientos de la suspensión, siendo el amortiguador más simple y más eficiente. La auto-corrección de altura del coche funciona gracias a un sistema que permite que más fluido viaje bajo presión al sistema de barra y esfera cuando detectan que la altura de la suspensión es más baja de lo normal (por ejemplo, cuando el coche está cargado). Cuando el coche está demasiado alto (es decir, cuando se descarga) el fluido es devuelto al sistema de reserva a través de un circuito de retorno a baja presión.

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Desde el principio, este coche significó toda una revolución en el mundo automovilístico. Su diseño tenía como objetivo reducir al mínimo la resistencia aerodinámica. Y su diseñador, lo consiguió: el Citroën CX contaba con un coeficiente aerodinámico de solo 0,35CX. 

Su espacio interior y habitabilidad era de lo mejor de la época, gracias a sus generosas dimensiones y la instrumentación, muy clara, accesible para el conductor y de fácil lectura.

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Su volante de un solo radio y su consola central también fueron un avance importante y facilitaban la sensación de espacio dentro del coche.

Posteriormente, Citroën intentó sustituirlo por el XM, que aunque fue elegido coche del año de Europa en 1990, nunca pudo conseguir el enamoramiento general que consiguió su predecedor.

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